Acaba de llegar a mis oidos la noticia de que el SIMO de éste año no se va a celebrar por la crisis (titular de El País: La crisis puede con el SIMO).
La crisis puede tener culpa de muchas cosas, como de que no te den el crédito que quieres para comprarte una casa; pero no de que no haya SIMO.
Dicen que como Teléfonica, y Vodafone no van, no hay dinero para el SIMO. Lo cierto es que antes de salir esa noticia el número de expositores presupuestados ya se había reducido antes a la mitad.
Entonces ¿porqué no hay SIMO?
Hace unos años estar en el SIMO podía darte a conocer ante miles de potenciales clientes, a tiempo para servirles los pedidos para la campaña de navidades. En ese aspecto estar en el SIMO era rentable: era la diferencia entre vender o no vender.
Hoy en día con Internet podemos saber en tiempo real cuánto dinero nos cuesta una campaña de publicidad por cada unidad vendida y a medida que progresa la campaña podemos modificarla para conseguir mejores resultados (o cancelarla si no son los que buscamos).
El SIMO como feria ya no sirve a la gente como mecanismo de comunicación para saber qué es lo nuevo que sale al mercado (para eso tienes Internet y los chorrocientos blogs como Engadget que regurjitan notas de prensa al mismo ritmo que salen de los departamentos de comunicación).
Además los ciclos de producto se están reduciendo: Hace años debíamos esperar meses para ver en las tiendas productos que se anunciaban en las ferias como el SIMO. Hoy en día, en una o dos semanas podemos tener el producto en nuestras manos.
No ha sido la crisis quien ha acabado con el SIMO: El mundo ha cambiado. Y las ferias tal como las conocemos también deben adaptarse o morir en el intento.
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No estoy hablando de problemas de cobros morosos.

