Tanto ayer como hoy, he podido ver en televisión y en medios de prensa (20minutos, El País, El Mundo) la noticia sobre un nuevo decreto que permitirá a los funcionarios de la Administración General del Estado hacer un 40% de su jornada laboral semanal desde casa en régimen de teletrabajo.
Esta noticia se enmarca dentro de los resultados del Plan Concilia expuestos por el ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, el pasado 28 de febrero de 2007, y al hilo de las manifestaciones que ya realizó Jordi Sevilla el pasado 16 de mayo de 2006 durante su participación en el Foro “Europa Press”, donde anunció que «propondría a los sindicatos la extensión del teletrabajo a la Administración General del Estado en aquellos puestos dónde sea posible y pueda contribuir a una mejor conciliación de la vida familiar y laboral y a la mejora del cumplimiento de los objetivos del puesto de trabajo».
Para aquellos que no lo conozcan, el Plan Concilia es el plan integral para la conciliación de la vida personal y laboral en la Administración General del Estado, que establece un paquete de medidas que buscan fórmulas de conciliación para el caso de los empleados públicos, como son horarios flexibles para cuidado de niños, ancianos, etc.
Entre esas medidas se encuentra también el teletrabajo, concepto surgido en los años 70 en Estados Unidos como una nueva forma de organización en la que el empleado desempeña su labor con resultados óptimos desde un lugar distinto a la empresa.
Un ordenador portátil y un teléfono móvil son suficientes para conseguirlo. Sin embargo y a pesar de las ventajas de esta modalidad, no está lo suficientemente implantada en España, donde apenas el 4,9% de la población activa recurre al teletrabajo, frente al 13% que alcanza la media de la Unión Europea.
En el contexto del mencionado Plan Concilia, el Ministerio de Administraciones Públicas llevó a cabo entre el último trimestre de 2005 y el primero de 2006 una experiencia piloto de teletrabajo con 30 funcionarios voluntarios, desarrollándose el siguiente manual de implantación de programas piloto de teletrabajo.
Según se recoge en el informe, «los resultados han sido positivos tanto para los trabajadores participantes, como para los responsables de las áreas donde se ha llevado a cabo este programa. Un 77% de los funcionarios participantes se mostraron satisfechos o muy satisfechos con la experiencia y un 73% consideró que la calidad de su trabajo se mantuvo sin cambios e, incluso, en un 19% que aumentó».
Las condiciones para acogerse no están todavía definidas (salvo haber cumplido dos años de antigüedad en la Administración) y está claro que algunos servicios no se podrán realizar desde casa, como por ejemplo, la atención en ventanilla.
La medida se enmarca en el impulso y extensión al ámbito del empleado público de las actuaciones legislativas que a nivel general se realizaron en la ley 39/1999, para promover la conciliación de la vida familiar y laboral de las personas trabajadoras, y la, todavía en tramitación parlamentaria, proposición de ley de medidas para mejorar la conciliación de la vida laboral, familiar y personal.
Hay quien las verá como una “forma de trabajar menos para los funcionarios“, pero ese mismo argumento se ha venido usando desde la empresa privada para con sus trabajadores y creo que supone un freno absurdo a que se alcancen resultados como el de IBM y su “Plan Mobility”, que ha cosechado varios premios por su política de flexibilidad y su apuesta por el teletrabajo.
Siempre he pensado que quien no quiere trabajar, no lo hace y únicamente tiene que “parecer que” (hay máquinas de café que podrían dar fe de ello), por lo que el teletrabajo me parece una buena alternativa tanto para el sector privado como para el público.