David llama paletada a la utilización estúpida del inglés de manera sumisa, supongo que al poder de los EE.UU., en el AVE o, podríamos añadir, en cualquier viaje de avión con independencia del origen y del destino del mismo. Más allá de esos intentos baldíos de medir el valor de un idioma que necesariamente tienen que topar con la dificultad insalvable de valorar algo ontológicamente superabundante, un idioma es un instrumento de ejercicio de poder en múltiples actividads diarias para cualquiera que se mueva en la esfera internacional de los negocios o de la ciencia. Por eso esa beatería de las familias pudientes que envían a sus hijos desde pequeñitos a un buen colegio inglés para que se hagan con el acento, no me parecen tan decabelladas aunque sí, desde luego, paletadas; pero paletadas comprensible e incluso amorosas si se interpretan como lo que son, el deseo de unos padres que emigran para garantizar un cierto porvenir halagüeño a su hijos. Hay que distinguir entre la beatería del acento de clase bien, la maravillosa paletada de los padres que emigran por sus hijos y la sumisión.