Ya estamos en Montevideo. Posteo desde el ordenador de Sandra, en casa de Quico, jugando con Avi... es estar en casa más que estar en casa. Es maravillosa esta ciudad. Y no, no he abierto aún el correo, lo siento. Mañana, lo haré mañana si no caemos embriagados por el mar y las parrillas, los paseos -cuanto los echaba de menos- y esa melancolía de estos días de solsticio y frío. Es Navidad en el mundo espejo, y yo, si fuera Alicia, no lo cruzaría de vuelta.