Recuerdo una novela de Javier Marías, “Negra espalda del tiempo” donde relata alguna muerte tonta, quizá preparada por el azar. Su explicación inducía a pensar que el destino era caprichoso.
Mientras conducía de regreso de las vacaciones, vibraba con los Metallica como si estuviera en un concierto: Movía la cabeza, berreaba, soltaba la mano del volante y hacía que rasgaba una guitarra, en fin, lo