He asistido a un bautizo en el pueblo que vio nacer a Mamá Tirita entre aceitunas y almendrucos.
Me he sentado junto a ella y he podido disfrutar de un rato de reflexión justo al lado de una lápida que reza "Aquí yacen los asesinados por la horda marxista".
Curiosamente, no me salen eczemas por estar al lado de una virgen (de mentira) ni delante de una cruz.
Observo a una imagen de San Sebastián con esa pose "divina" y sus siete flechas y piel rosada y su ausencia de barba, al contrario que el resto de los santos, incluida la imagen de la virgen, que he de decir que en el susodicho pueblo tienen a la virgen más fea de la historia. Es una mezcla entre Frida Kahlo y... Frida Kahlo.
Ahora sí entiendo que San Sebastián sea el patrón de los gays.
El coro comienza a entonar una canción. Mamá Tirita no se la sabe, pero aún así, en su papel de sumisa cristiana, se siente en la obligación de cantar, y si puede ser, que además le oiga el Rouco Varela desde Madrid.
Mira un papel que le han dejado los compositores de cánticos religiosos, que no parecen saber que la media de edad de los asistentes es de 75 años, la prevalencia de cataratas es del 80 % y la velocidad de la lectura es 1 palabra/hora.
De este modo, Mamá Tirita suelta el papelito y comienza a hacer un ruido tal como "tarará-tarará" y va introduciendo palabras al azar como "alfarero", "sombrero" y "torrezno" ¡¿Torrezno?! ¿¡Ha dicho torrezno?!
Cuando intento formular la pregunta a Mamá Tirita me arrea un codazo y creo ver cómo mi bazo salta por los aires.
El resto de la celebración transcurre como todas: caramelos, lágrimas, el PP, el PSOE, las aceitunas, los niños...
"Pues el mío no habla aún... y se sigue haciendo pis" - dice la madre primeriza.
"Bueno, no te preocupes, La Tiri se hizo pis en la cama hasta los 13 años" - dice Mamá Tirita mientras se sirve otro vino.
¿¿¿¿????
Juro no recordar eso, pero igualmente no llevo la contraria a mi madre porque sé que eso me puede traer consecuencias graves como por ejemplo, haber sido un niño hasta los 10, haber matado a Kennedy a los 3 o seguir yendo a la guardería a los 32.
El hecho de que lleve todo el día llamando Leonor a la niña, que se llama Carolina, resta bastante credibilidad y yo puedo dejar de roer con nerviosismo el panecillo de mi vecino.
Tras los 18 platos, acude Mamá Tirita a mi vera con aires muy misteriosos.
Yo hablo de trabajo con la facción joven de la familia y me hago la interesante.
¡¡Toma!! ¡¡Un palillo para que te saques la comida de los dientes!!
En ese momento, sé, seguro, que mi madre en un mes acabará andando a cuatro patas y pintará bisontes en las paredes. Creo que vivir sola la está convirtiendo en un neardental, lo que por otra parte está bien: creo que en caso de un cataclismo, solo sobrevivirían mi madre y las cucarachas. Y luego solo mi madre...