Acaba de aparecer el número 10 de la revista Icono 14, un monográfico dedicado a analizar las repercusiones de las Nuevas Tecnologías en el Teatro. La doctora Virginia Guarinos, coordinadora del número, explica en la presentación: "Ya Lyotard planteaba cómo la postmodernidad presenta lo impresentable y niega la consolidación de la forma bella indagando en nuevas presentaciones. Muy postmoderna es también la tensión entre la inclusión y la exclusión, en nuestro caso de lenguajes y modos expresivos entre el teatro y otros medios. E igualmente la visibilidad, la obscenidad de lo real, el juego de la realidad terminan por construir un mosaico donde la simulación y la apariencia, bases de lo teatral, se vuelven indispensables". La revista recoge trece artículos científicos que abordan el tema desde difrentes perspectivas realizados por investigadores de varias disciplinas, metodologías y universidades. Entre estas investigaciones hay una sobre mi obra "Caleidoscopio" (la foto del post es de Fede Serra), realizada por Mabel Brizuela, de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) titulado "Entre la Imagen y el Silencio: La palabra escindida en Caleidoscopio de Gustavo Montes". La aparición de la revista me ha provocado una doble sensación tan híbrida como el objeto de investigación de la revista, una sensación de entusiamo y de derrota. En cuanto a la primera, el artículo de la profesora Brizuela me ha descubierto nociones sobre las que reflexionar y una visión analítica que me clarifica ciertas constantes en mi obra, aparte del halago que ya supone para cualquier autor que uno de sus textos de convierta en objeto de estudio de una investigación. El lado de la derrota viene motivado por una ausencia en el monográfico: mi faceta de investigador. En un primer momento, me había comprometido con la coordinadora ha realizar un artículo de investigación sobre la imagen audiovisual en el teatro. Me puse en contacto con ella poco después y le dije que no podría tenerlo a tiempo: la elaboración de "La luz en la madriguera" me tenía obsesionado. Cuando hacía unas semanas que había terminado este texto, Virginia Guarinos me envió un correo dándome noticia de la aparición del monográfico. En fin, uno sólo es uno, aunque tienda a la hibridación. No obstante, independientemente de mi frustración personal, el número 10 de Icono 14 es un documento imprescindible para todos aquellos interesados en profundizar sobre la relación entre el audiovisual y la escena. Se puede consultar los diferentes artículos (en pdf) de la revista en la web simplemente llevando el cursor del ratón a este enlace a Icono 14.
Matías Montes Huidobro es un gran dramaturgo cubano. Poeta, narrador y ensayista, ha recibido numerosos premios literarios tanto en Cuba, como en su exilio estadounidense donde es profesor emérito de la Universidad de Hawai. En España recibió el premio Café Gijón por su novela “Esa fuente de dolor”. La Casa Teatro Janagah (Plaza de Arteijo, 14. Madrid. T: 91 224 74 95) estrena el jueves 29 de mayo a las 22.00 horas su obra La navaja de Olofé. A los 77 años y con una larga y prestigiosa trayectoria teatral y ensayística, esta es la primera vez que una obra del autor cubano sube a los escenarios españoles.
Recibí un correo electrónico de Eva Sastre, que se ocupa de lleno de la editorial
Dejó los cafés sobre la mesa y se fue dejando un rastro que nos vimos obligados, como hipnotizados, a seguir con la mirada hasta que llegó al lugar que solía ocupar en la barra. "Qué buena está", dijo mi amigo. "Demasiado delgada", apostillé con una exigencia hipócrita. "¿Qué me dices?", preguntó mi amigo. "Que está flaca", repetí. "No -dijo-, me refiero a lo que te he propuesto". Dilaté la respuesta todo lo que pude. Encendí un cigarro. Di un sorbo al café. Tosí. No quería defraudarlo.
Hace siglos que no escribo ningún post. Entre unas cosas y otras ando inmerso -me gusta este tópico- en una nueva obra. Se titula "La luz en la madriguera" y lo tomé prestado de un texto periodístico de Luis María Ansón, que tuvo unas palabras muy amables para con una obra anterior mía, pese a nuestras diferencias ideológicas (tengo que acudir de nuevo al tópico que si no algunos de mis amigos dejarían de hablarme). Se refería a ciertas actitudes de Eduardo Zaplana en el PP, aunque mi texto no tiene nada que ver con él (hasta ahí llega mi escaso buen gusto) ni con el PP ni con la actualidad política.
Llegó a Barajas con una maleta. Desde México. Lo cuenta en su obra, "La pasión según el verdugo". Su voz suena lejana y ajena desde la extraescena: "Abra la maleta". La voz de un policía. De eso hace siete años. Ahora, un interno, casi anciano, de hermosa barba blanca, baila desnudo dejándose mojar por la lluvia en el patio de la cárcel. "Volvé dentro, Legía", le grita alguien con acento argentino desde el interior. No es orden, sino preocupación. "Vas a enfermar", insiste la voz. Raúl contempla la desnudez del viejo ex legionario, la lluvia empapándole la barba, el agua chorreando por el pecho hasta desbordar cada uno de los pliegues de la piel, que se revuelve y dispara: "Mi cuerpo es mío". Así me lo contó Raúl después, mientras caminábamos por las calles.
Un escenario vacío a ras de suelo. La actriz y los dos actores se maquillan y visten a la vista del público. No hay más iluminación que la de la estancia y más decorado que el que crean los actores con su interpretación. Una enorme pieza de hierro o acero hace las veces de máquina compresora. No es atrezzo. Es un personaje más, como me insistió Patrizia en un e-mail y que junto a Iván dirige el montaje. 
Hace ya demasiado tiempo. Un juvenil Antonio de 19 años -por aquel entonces aspiraba a ser el nuevo José María García, a quien imitaba constantemente sin venir a cuento- entró en el sótano que compartíamos Martín, José Luis y yo. Las paredes del salón, donde dormía José Luis, estaban forradas con fotos explícitas recortadas de las revistas pornográficas a las que nuestro compañero era adicto por aquella época. El ambiente húmedo y sombrío, los muebles viejos y destartalados y aquellas figuras en asombrosas posturas sexuales le daban a la estancia un aspecto sórdido y cuanto menos inquietante. Antonio tuvo que pasar la noche durmiendo en la misma cama que Martín. Suele contar que no pegó ojo, aterrado por la sensación de que de un momento a otro aquellos tres alcalareños iban a saltar sobre él para abusar de su inocencia. Tiendo a imaginarlo envuelto en sudor, apretado a la almohada, llamándonos abrazafarolas y chupópteros -nunca mejor aplicado- con la voz de José María García.
Ayer leí de un tirón
Imaginé a Raúl Alfonso en su celda, ante el espejo, intentando descubrirse, reconocerse en los pliegues de la piel, en la barba poblada, pensándose ya en el escenario. Acabo de enviar una nota de prensa sobre él a los compañeros de Cultura de distintos medios. Parece que a la mayoría les ha interesado. El actor, director y profesor Raúl Alfonso lleva años cumpliendo una larga condena en la prisión de Soto del Real. El viernes 2 de noviembre a eso de las 21.30 horas, aprovechando un breve permiso carcelario, estrena La pasión según el verdugo en la