Nos despierta esta mañana el ruido del despegue de la cebolla, que ha subido la friolera de un 22%.
Se acabó el dicho de "contigo pan y cebolla". Tendremos que decir "contigo pan y refrescos de cola". Y ahora, cuando hagamos una cena importante en casa, cocinaremos cebolla con "cosas" para "tirarnos el rollo". Qué cosas...
Esta semana (corta) está siendo un verdadero infierno, sobre todo porque estoy teniendo algún que otro problemilla, y lo que más me atormenta es que no puedo contarlo aquí porque no puedo decir libremente "mi fulanito/a de tal es un/a psicótico/a", ya que en persona me tengo que morder la lengua, así que en el blog, me muerdo "las negritas".
Dejando a un lado esas cosas, ésta semana estoy llegando al umbral absoluto de la torpeza.
El lunes, a la bonita hora de las 07:48 hago una reserva online en un hotelito en Toledo.
A la temprana hora de las 08:34 envío un SMS a mi querida prima residente en Toledo "Cumpleaños feliz!! Que cumplas muchos. Luego, cuando me despierte, te llamo"
A eso de las 11:23 entra una llamada en el móvil que comienza por 925, prefijo de Toledo y con mucha emoción descuelgo y empiezo a cantar el "cumpleaños feliz".
Me pongo colorada como pimiento de piquillo mientras miro de reojo a mis congéneres en la oficina, que disimulan (mal), pero sigo cantando porque al fin y al cabo, es una vez al año y a la "cumplidora" le hace mucha ilusión que yo haga el ridículo.
Cuando termino con una sonora ovación ("Bieeeeeeeeeeeeeeeeennn"), oigo aplausos de fondo y yo digo ¿Qué tal? y una voz contesta "Por favor, ¿la señorita Fulanita de Tal? Llamo para confirmar una reserva".
Paso del pimiento de piquillo a la cara de huevo cocido en dos centésimas de segundo.
Aprovechando mi desconocimiento de la subida de las naranjas, esta semana he comprado, entre otras cosas, cinco kilos de naranjas.
¿Para qué quiero cinco kilos de naranjas? Pues principalmente para que al llegar al garaje y sacarlas del coche, la malla que las contiene, se desgarre y deje de hacerlo. Decenas de naranjas ruedan por el suelo. La cosa tendría menos gracia y hubiese sido sólo un kilo, claro... hubiese tardado menos en recogerlas y mi dignididad estaría mucho mejor, eso sí.
Y Paula, esta semana ha encerado mi suelo con mucho esmero y ya me he caído dos veces yendo al baño... me siento como una abuela. Cada paso es una aventura. Mis pies se vuelven inseguros más allá de mi alfombra.