
Imaginé a Raúl Alfonso en su celda, ante el espejo, intentando descubrirse, reconocerse en los pliegues de la piel, en la barba poblada, pensándose ya en el escenario. Acabo de enviar una nota de prensa sobre él a los compañeros de Cultura de distintos medios. Parece que a la mayoría les ha interesado. El actor, director y profesor Raúl Alfonso lleva años cumpliendo una larga condena en la prisión de Soto del Real. El viernes 2 de noviembre a eso de las 21.30 horas, aprovechando un breve permiso carcelario, estrena
La pasión según el verdugo en la
Sala Janagah (Plaza de Arteijo, 14, Metro Barrio del Pilar). La obra está basada en textos del premio Nobel sueco
Pär Lagerkvist. Raúl Alfonso tiene una larga trayectoria teatral en Cuba. Ha realizado puestas en escena basadas en textos de
Peter Weiss,
Slawomir Mrozek,
Abilio Estévez,
Joel Cano... y sus obras han visitado México, Estados Unidos y Suiza. Yo lo vi ante el espejo
En la nota de prensa que escribí hablaba de dos
Raúles en el mismo cuerpo, el preso y el hombre de teatro. Sin embargo, ahora reflexiono sobre las palabras que me dijo sobre su montaje, y que hacía referencia a su situación, y creo que me equivoqué. “A la sombra de la cárcel, luego de revolcarme en la culpa, la propia y la ajena -me dijo-, recuperé esta historia de mesías enloquecidos, verdugos enamorados y un Dios decrépito que se caga y se mea y al que sólo visita un barquero de dudosa catadura moral, para aferrarme a él con la tenacidad de la que sólo es capaz un condenado. He intentado atrapar la desesperación de los seres más allá de sus crímenes y también las aspiraciones de redención, aunque para muchos criminales la redención no existe; es una utopía inalcanzable”. Sólo hay un Raúl Alfonso, el hombre de teatro que también me dijo: “Vale la pena intentar contar esta historia, compartir la experiencia humana -mi experiencia- desde el teatro, el único mundo en el que ya no encuentro ataduras y que me pertenece por derecho propio".