
Mis vacaciones se ha convertido en el tema de conversación de todos los congéneres que me rodean.
Después de unos días pasando el dedo por África con tanta insistencia que Tanzania ya ha desaparecido, ésta mañana, ya dispuesta a contratar un viaje para ver animalitos de cuatro patas, me han dicho que me iba a cocer como una gamba y que, a lo mejor, África no era una buena opción en verano.
Y yo, que soy mujer de extremos, he decidido que me voy a Islandia, no sin antes, meditar la decisión como la meditan las personas con poder, a saber: preguntar al primero que pasa "¿Tú donde irías de vacaciones?" y aprovechando que Björk está en España, allá que me voy, a Islandia.
He ido a Fnac corriendo a comprarme una guía para empezar a babear con las fotos de hielo sin picar y el simpático muchacho me ha dicho que no tenían, que no es que estuvieran agotadas, que la verdad es que no se venden.
Tras una somera vuelta por internet, ya tengo toda la información necesaria: una cerveza cuesta 8 euros.