Ayer tenía que impartir un curso sobre cosas tontas.
Me lo propusieron por alguna razón que aún no tengo clara. Me he pasado una semana preparándome el curso, el material formativo, el dichoso Power Point y practicando en casa cómo repanchingarme en la silla y seguir pareciendo una profesional.
Como soy de naturaleza extremadamente tímida, lo paso fatal en éstos casos y aún, cuando tengo que hablar ante "alguien", me tiembla todo, la boca se queda como si hubiese estado chupando lijas durante horas y la voz me sale quebrada.
Saber que en el momento crítico me va a pasar ésto, me hace ir aún más nerviosa y así entro en el bucle del pánico.
Ayer, me disfracé de profesional y me fui al lugar del evento.
Repasaba mentalmente "No te pongas nerviosa: sabes más que ellos, ellos son las víctimas. En el peor de los casos, se aburrirán y nunca más te volverán a contratar. También puede ser que el auditorio se convierta en una jauría de feroces catedráticos que decidan arrancarme los órganos vitales a bocados..."
En éstas subía yo en el ascensor, ya casi con las lágrimas asomando a mis ojos y dispuesta a presentarme como "Buenos días. Soy Amparito y no merece la pena comerme".
Toco el timbre.
Se oyen pasos. Alguien abre la puerta y su cara me quiere resultar familiar...
De repente la persona que me ha abierto la puerta, comienza a hacer aspavientos y a reírse. Me conoce. Me conoce pero no por ser una profesional del sector de la Documentación... me conoce por ser La Mujer Tirita.
En ese momento, toda mi profesionalidad se desvanece y paso de "Buenos días. Soy una tía muy lista" a "Hola. Soy La Mujer Tirita y es posible que rompa algo".
Me vino muy bien que Anibilis estuviese allí y tener algo familiar y achuchable a lo que agarrarme para compensar la distancia que me separaba de un auditorio de profesionales del sector y de hacedores de artículos científicos.
Por lo demás, el evento fue un éxito: salí viva y cobraré por ello.